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          Detrás de ciertos lugares existen leyendas que no son otra cosa que la evolución del boca a boca de historias reales y la que hoy contaré es una de ellas. Trata de un árbol singular, con casi medio siglo de vida, lo que ya sería motivo de culto y sin embargo, fue el uso que de sus raíces hizo un bandolero el que le dá el nombre por el que es conocido. Las primeras hojas de este magnífico alcornoque probablemente fueron acariciadas por el mismo viento que refrescó el rostro de los Reyes Católicos que frecuentemente viajaban por aquellos pagos, los expertos afirman pues que su edad estaría entre los 400 y los 500 años. Su longeva existencia se ha visto favorecida por estar situado en un lugar de difícil acceso y la extrema dificultad para extraer y transportar el corcho, su corteza. El alcornoque nació en un lugar difícil y enraizó entre las grietas de una enorme roca de las muchas que pueblan la Pedriza madrileña, conocida como "El risco de la fuente", no muy lejos del Yelmo, enorme promontorio de piedra que domina con su forma redondeada todo el paisaje de La Pedriza. Con el tiempo, el alcornoque fue creciendo, sus raíces fueron horadando la roca, con la lentitud, la persistencia y la efectividad que solo los árboles pueden ejercer sobre la roca.

          Hace poco menos de dos siglos, en el primer tercio del siglo XIX, dos bandoleros asolaban la corte y sus alrededores, ambos llegaron, dice la leyenda, a un acuerdo para no interferirse mutuamente en sus fechorías, por ello, uno, Luis Candelas actuaba en la Capital del Reino y sus tierras inmediatamente colindantes y el otro, Pablo Santos, desplegaría correrías y delitos por la zona norte en los caminos de Galicia, desde La Cabrera hasta el Alto del León y las machotas, controlando así todos los caminos del noroeste. Pablo Santos era temido por su extrema violencia, aunque, como casi todos los bandidos de la época, bien podía ser bondadoso y hasta caritativo. Su guarida era una caverna que existe junto al Cancho del Horno, muy cerca de El Boalo, en las proximidades de Manzanares el Real, en la zona conocida como la Pedriza, por su áspera abundancia de rocas, difíciles senderos y veredas peligrosas aún en la actualidad, una zona de difícil acceso, que conociéndola permitía al bandolero Santos, huir y emboscar a la justicia, fue precisamente el conocimiento del terreno el que le hizo temible y temido en toda la región además de la violencia que ejercía en sus golpes.

          Pablo Santos aprovechaba todos los escondrijos que conocía y dicen los que le conocieron que utilizó las grietas que las raíces del longevo alcornoque para esconder sus botines y poder refugiarse en los canchos y riscos de La Pedriza ligero de equipaje. Se ha encontrado un documento que quiere acreditar que fue detenido el 14 de diciembre de 1834 por el Alcalde de Colmenar Viejo, cuya guardia tenía la responsabilidad de la seguridad de la zona, pero salvo ese documento, una carta a sus superiores dando cuenta de su detención, no existen datos fiables de si fue o no puesto a disposición del juez correspondiente o se tomaron medidas más drásticas. La leyenda sin embargo afirma que Pablo Santos fue muerto junto a su refugio del Cancho del Horno por un trabucazo por la espalda que le propinó uno de sus compinches, molesto por el modo en el que el bandolero había repartido el botín de un atraco. El asesino se llamaba Isidro el de Torrelodones, personaje tan brutal y despiadado como su jefe al que dio muerte. Se desconoce qué fue de su cadáver, algunos dicen que terminó en el fondo del Cancho de los muertos, un despeñadero donde los bandoleros, cuenta la leyenda, arrojaban a sus víctimas para no gastar pólvora y donde evitaban enterrar a los muertos, tanto propios como ajenos, otros aseguran que fue despedazado y enterrado en los bordes de varios caminos del lugar, el caso es que no existe una tumba conocida donde se pueda asegurar que yacen los restos del bandolero y mucho menos en las cercanías del árbol.

          Hoy el alcornoque del   bandolero es uno de los rincones más apreciados de La Pedriza al que se puede acceder desde diferentes puntos en función de las capacidades del caminante. Catalogado por la Comunidad de Madrid como árbol singular, se levanta abrazado al risco de la fuente con unas vistas maravillosas, con el yelmo detrás y al frente la ermita de la Peña Sacra, otro de los puntos mágicos de la zona ya que se cree que en ella tenían los druidas celtíberos su altar de oración y sacrificios, construida por los condes de Panaranda en el siglo XV, fue objeto de diversos intentos de hurto por parte de distintos bandoleros, imaginamos que uno de ellos sería Pablo Santos.

          El recorrido más corto nace en el Tranco, junto al río, al lado de un restaurante, desviándose a la derecha en el camino del Yelmo, tras un agradable recorrido no muy complejo, se accede al pie del árbol, un corto y agradable paseo con historias y leyendas de un lugar único, La Pedriza.

           

           


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