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          El Chozo Kindelan

          Aunque parezca mentira, muchas de las zonas hoy emblemáticas de la sierra de Guadarrama, eran tierras inhóspitas a principios del siglo XX y entre ellas, la hoy conocida y concurrida Pedriza de Manzanares el Real.

          A finales del siglo XIX, pocos eran los que se aventuraban en ciertas partes de la sierra madrileña que no fueran los ganaderos lugareños, y aun estos, no solían hacerlo si no se les perdía una cabeza de ganado por esos andurriales, y eso aun a pesar de que algunos rincones son especialmente hermosos y ricos en flora y fauna.

          Durante esos años oscuros, varios fueron los personajes que pasearon por las laderas y los picos de la sierra de Guadarrama, entre ellos el profesor Francisco Giner de Los Ríos, inspirador de nuevas formas de enseñanza y del amor por la Naturaleza, en especial de los parajes de esta hermosa sierra que tanto frecuentaba.

          Acercarse desde Madrid a la Pedriza hoy es un corto y agradable paseo en coche, pero a principios del pasado siglo, era una aventura que duraba una jornada, de la capital a Colmenar Viejo o a Collado Villalba, de Colmenar o Villalba a Manzanares el Real y de ahí, adentrarse a pie en la espesura granítica de la Pedriza en la segunda jornada de viaje. Volver a hacer noche en el pueblo o buscar el abrigo de tiendas de campaña de escasa entidad, no era la mejor manera de esperar el nuevo día.

          Así, un pequeño grupo familiar de montañeros compuesto por tres hermanos y un primo, José Manuel, Juan y Ultano Kindelan con su primo Pablo Martínez del Rio, que llevaban desde 1909 descubriendo las bellezas de un paraje tan especial, encontraron una oquedad bajo una gran roca, el sitio ideal, pensaron, para construir de forma sencilla, sin alterar demasiado el entorno, un pequeño chozo, el primer refugio serrano de la Pedriza, probablemente estamos hablando de 1910 o 1911.

          Las buenas ideas lo son cuando se llevan a cabo y funcionan. En los pocos años que el chozo de los hermanos Kindelan fue el único refugio habilitado en la Sierra, fue utilizado profusamente por los incipientes montañeros que ponían todo su empeño en descubrir la belleza de nuevas rutas y veredas o abrían vías de escalada al yelmo o al Risco del Pájaro, de hecho, este cuarteto fue muy activo en estos logros, muchos de ellos documentados.

           

          El refugio que ellos bautizaron como chozo y que hoy merecidamente lleva su apellido como homenaje, con sus apenas 10 metros cuadrados, albergaba y aun lo hace, una pequeña chimenea en su interior además de una escasa estancia donde poder dejarse vencer por el sueño, es una única pieza cuyo techo y pared del fondo es la inmensa roca bajo la que se erige, sin duda un gran avance para los pioneros de la Pedriza.  

          Tal fue la repercusión de este refugio que pocos años después, en 1914, se puso en marcha el proyecto de un refugio más grande y confortable, para ello, Guijarro, un vecino de Manzanares el Real, cedió a la sociedad alpina Peñalara, una pequeña parcela algo más arriba de la ubicación de nuestro chozo protagonista. Fue el propio Rey, Alfonso XIII quien inició la suscripción popular para su construcción, haciendo una donación pecuniaria. El 15 de mayo de 1916, se inauguraba oficialmente el nuevo refugio bajo el nombre de Giner de los Ríos, nombre que aún conserva en honor del profesor que creó entre otras cosas, la Institución Libre de Enseñanza, aunque no siempre tuvo ese nombre, como siempre, por razones políticas.

          A partir de esa fecha, el chozo Kindelan quedó en desuso, el refugio nuevo tenía todas las comodidades que los montañeros necesitaban y sin embargo, nunca perdió su encanto. Sentado a la puerta de su pequeña fachada de piedra, la vista del yelmo y de la Pedriza es simplemente única, espectacular. Con unos buenos prismáticos, es fácil ver alimentarse en los riscos más altos, familias enteras de cabra montés y deleitarse con el vuelo de varias especies de rapaces hoy día, imagino como sería a principios del siglo pasado cuando la Pedriza no era lugar frecuentado y la fauna autóctona campaba por sus dominios con escasas limitaciones.

          Pero como no puede ser de otra manera, el chozo sufrió a causa de la estupidez humana en los albores de los setenta, cuando la Pedriza se convirtió, afortunadamente, en zona protegida. Algún ingeniero, haciendo gala de un desconocimiento de lo que supone la historia, reciente pero no menos importante, de la afición a la montaña, ordenó la demolición del chozo y así se hizo. Cuando tamaña estupidez llegó a oídos de los clubs de montaña y los conocedores de la hermosa historia del lugar, se pusieron los medios para enmendar esa especie de sacrilegio montañero y el chozo se reconstruyó tal cual estaba, probablemente con las mismas piedras que los Kindelan utilizaron para su construcción. Sin embargo circula una bonita leyenda, como las que se cuentan entorno a una hoguera de campamento, según ésta, el autor del desaguisado no pudo dormir, hostigado por los espíritus de los constructores del chozo, hasta que la reconstrucción del mismo se completó. Hoy, de vez en cuando recibe visitantes esporádicos que tan solo se acercan para deleitarse de la belleza del lugar y así, rendir un pequeño homenaje a los pioneros que dieron a conocer tan hermosos parajes. Aunque el lugar está expuesto a la vandalización, parece que va resistiendo, tal vez porque su ubicación no es fácil de localizar, escondido entre piedras, pinos y jaras, o puede que siga protegido por los espíritus de aquellos que disfrutaron de sus noches estrelladas y de los increíbles paisajes que desde allí se divisan.

          Llegar hasta el chozo no es fácil, el parque natural de la Pedriza tiene limitado el aforo, en fines de semana, o se llega muy pronto o las colas esperando a que salgan visitantes para dar acceso a otros son largas, entre semana el problema no existe. Accediendo a una de las zonas de aparcamiento, se toma el camino del refugio Giner de los Ríos, tras pasar por un pequeño embalsamiento que también lleva el nombre de los hermanos Kindelan, a la izquierda está el chozo, muy oculto por la maleza y las grandes rocas, encontrarlo es un reto que merece la pena. 

           

           

           


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